«Mi conclusión fue que la palabra de Dios es inagotable» 02/11/2023 – Publicado en: PORTAFOLIO

 

Han pasado más de treinta años desde que tuve el privilegio de escuchar a David F. Burt exponer la segunda carta a Timoteo, durante el mes de noviembre, en el centro bíblico Betel de la Granja de San Ildefonso (Segovia), que con fidelidad sigue abierto a disposición de las iglesias hasta hoy. Eric Bermejo y Juan Galcerá organizaban encuentros de una semana para obreros, ancianos y colaboradores. A pesar de mi juventud, había estudiado en varias ocasiones esta epístola por medio de Pedro Inglés, con un fuerte énfasis en los “Pero tú”. Sin embargo, escuchar a David F. Burt, me cambió la vida porque redescubrí el valor del estudio sistemático de las Escrituras inspiradas por Dios (2 Ti. 3:16), y tuve la impresión de tener un desconocimiento completo del texto, dado que era como si el mensaje me llegase por primera vez de parte de Dios.

Mi conclusión fue que la palabra de Dios es inagotable.

Pablo vuelve a Roma para partir con su Señor, arrestado quizá por una denuncia de Alejandro el calderero (4:14). El lugar es tenebroso, a diferencia de su primer encarcelamiento y peor aún es que salvo Lucas, nadie está con él para confortarle. Tal vez, solo entra luz desde un agujero en el techo, está viejo y cansado, pero debe reunir sus últimas fuerzas para cumplir con un deber urgente, pasar el relevo a su querido pero apocado Timoteo, que siempre necesita un pequeño empujón para avivar el fuego del don del Espíritu Santo, y regresar probablemente desde Éfeso. Transmitir la palabra de Dios es el encargo vital desde que conoció a Cristo y hasta su último aliento, no tendrá otra preocupación mayor porque casi no piensa en sí mismo, sino en Jesús, su Salvador. Es imperioso que más personas conozcan a Cristo por medio de la predicación del evangelio a través de Timoteo y que también tomen el testigo.

Pablo escribe con su autoridad espiritual siendo apóstol. De esta forma, no solo se dirige a Timoteo, sino que está preparando una credencial para que otros le escuchen y respeten. No hay que retroceder, cueste lo que cueste, porque el evangelio ha de extenderse por todas partes. La causa de su detención es su identificación y proclamación del evangelio que siempre despierta oposición. Los falsos maestros, se amontonan actuando como gangrena o cáncer (p. 115), al negar la resurrección física de los muertos en Cristo, probablemente porque el helenismo daba poca importancia al cuerpo, y curiosamente, hoy en círculos católicos, hay una fuerte influencia donde el infierno y la resurrección se consideran únicamente de forma espiritual.

En este contexto, las Escrituras conceden sabiduría no solo para establecer valores morales y espirituales (p. 194), sino para entender la salvación en Cristo, pensando en el Antiguo Testamento, mientras se formaba el canon del Nuevo. Todo ha sido preparado por Dios para abrazar el mensaje del Nuevo Testamento que se predica en el poder de Dios para conocer a Jesús como Señor y Salvador.

 

Pablo ha peleado la buena batalla, porque de las mil que libramos, no hay otra que tenga más sentido y sea realmente justa. A pesar del sufrimiento, se siente honrado, pero no quiere que su final sea la noticia de una circular eclesial, sino una mirada hacia el futuro. En todas estas cosas somos el pueblo de Dios y en esa cadena de eslabones que por generaciones han recibido su palabra, nunca bajemos los brazos, porque el Señor nos llama a formar parte de la carrera con esa nube de testigos (2:2; Heb. 12:1-2).

David Vergara, reseña publicada originalmente en Edificación cristiana.


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