El cisne, puro entre el cielo y la onda (Jorge Guillén) refleja uno de los cuatro rostros del amor, la belleza de un mundo lleno de música y color, desde la silueta de los viejos olmos en invierno, silentes salvo por el graznido de los grajos, hasta el bullicio de los ruiseñores y las currucas en la época de cría en primavera.
Es también un mundo envenenado y roto por el dolor, criadero de violencias y contaminación, cuna del bebé recién nacido que duerme en brazos de su madre no menos que del terremoto, el tsunami, la guerra y la traición. En este escenario atroz el hijo de Dios murió para mostrarnos el amor infinito de Dios.
Este libro es de Camino Viejo.








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